Una vez restaurada la República Benito Juárez, consideró necesaria una administración con “menos soldados y más profesores” algunas décadas más tarde, Calles, fundaría el PNR, para legitimar la fuente del poder, y con ello superar de una buena vez las pugnas entre los indómitos generales revolucionarios. Ambos intentos, a su manera comparten la misma tesis: la evidente contradicción entre el militarismo desbordado y la República.
Cada uno de estos dos modelos requiere de una materia prima; el militarismo, de violencia y anarquía, y la República, de una sociedad civil (izada). De Alguna manera Calles fue más exitoso que Juárez, y México vivió muchos años de milagrosa estabilidad. Pero conforme se acababa el siglo XX, el milagro ya era algo distante, y se volvió necesario revisar los supuestos más elementales de nuestra vida pública e institucional. En esa revisión, que de alguna manera todos hemos hecho, llegamos a la constatación más importante –aunque a veces nos esforcemos por evadirla- la ausencia de una sociedad civil (izada), y como hemos dicho, sin ello la República es una imposibilidad.
Nuestros gobernantes, con un entendimiento más pobre, han llegado a esa misma conclusión, de ahí la legitimación del militarismo, conforme se debilita la sociedad, conforme desciende a la barbarie, el soldado se legitima con mayor razón, hasta su probable apoteosis. En Chihuahua, somos testigos de la militarización de los mandos de las policías municipales y la policía estatal, la mano dura gana terreno frente a la ciudadanización de las instituciones, los supuestos con los que trabajan los expertos de la seguridad pública, y que buscan entre otras cosas el acercamiento entre las instituciones de seguridad y la ciudadanía, se vuelven prescindibles y ligeras, no veremos en Chihuahua, Seguridad Pública, simplemente porque hemos elegido un modelo retrógrada, un modelo que puede obviar los principios más básicos del republicanismo.
El militarismo como estrategia, puede ser efectivo en su propósito de violentar la voluntad de la violencia, pero inútil, desgraciada y románticamente inútil, en su probable tarea reformadora. El militarismo, para decirlo con claridad, no agrega nada nuevo ni en el fortalecimiento de las instituciones, ni en el recorrido histórico del país.
Todos –cada quien a su modo- nos hemos preguntado, ¿cuándo se originó todo este desmadre? Nos preguntamos también ¿cómo recomponer este estado? La única respuesta correcta, es la que he referido en esta nota, el rasgo fundamental del México del siglo XX es su Estado, y la superación de este atolladero generacional nos resulta tan complicado, porque su único programa posible incluye el abandono del México que nos legó el llamado "Jefe Máximo"
Cada uno de estos dos modelos requiere de una materia prima; el militarismo, de violencia y anarquía, y la República, de una sociedad civil (izada). De Alguna manera Calles fue más exitoso que Juárez, y México vivió muchos años de milagrosa estabilidad. Pero conforme se acababa el siglo XX, el milagro ya era algo distante, y se volvió necesario revisar los supuestos más elementales de nuestra vida pública e institucional. En esa revisión, que de alguna manera todos hemos hecho, llegamos a la constatación más importante –aunque a veces nos esforcemos por evadirla- la ausencia de una sociedad civil (izada), y como hemos dicho, sin ello la República es una imposibilidad.
Nuestros gobernantes, con un entendimiento más pobre, han llegado a esa misma conclusión, de ahí la legitimación del militarismo, conforme se debilita la sociedad, conforme desciende a la barbarie, el soldado se legitima con mayor razón, hasta su probable apoteosis. En Chihuahua, somos testigos de la militarización de los mandos de las policías municipales y la policía estatal, la mano dura gana terreno frente a la ciudadanización de las instituciones, los supuestos con los que trabajan los expertos de la seguridad pública, y que buscan entre otras cosas el acercamiento entre las instituciones de seguridad y la ciudadanía, se vuelven prescindibles y ligeras, no veremos en Chihuahua, Seguridad Pública, simplemente porque hemos elegido un modelo retrógrada, un modelo que puede obviar los principios más básicos del republicanismo.
El militarismo como estrategia, puede ser efectivo en su propósito de violentar la voluntad de la violencia, pero inútil, desgraciada y románticamente inútil, en su probable tarea reformadora. El militarismo, para decirlo con claridad, no agrega nada nuevo ni en el fortalecimiento de las instituciones, ni en el recorrido histórico del país.
Todos –cada quien a su modo- nos hemos preguntado, ¿cuándo se originó todo este desmadre? Nos preguntamos también ¿cómo recomponer este estado? La única respuesta correcta, es la que he referido en esta nota, el rasgo fundamental del México del siglo XX es su Estado, y la superación de este atolladero generacional nos resulta tan complicado, porque su único programa posible incluye el abandono del México que nos legó el llamado "Jefe Máximo"
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