martes, 28 de septiembre de 2010

ALTER EGO

Por. Dr. Sote


La primera vez, pensé, se ha equivocado; la segunda vez no supe qué decir… las demás me daban miedo, tanto loco que anda suelto… Suena a Santa Lucía. La vez inaugural que me llamaron para extorsionarme creí que sólo a mi me podían pasar esas cosas. Me dijeron mucho sobre mi persona y así yo creyera me conocían, y muy bien. Todo fue producto de otro engaño telefónico a una pariente ingenua quien les dio mis datos y los demás los inventaron. Después de ese traumático telefonema, llamé a mis amigos, compañeros y familiares para advertirles sobre llamadas análogas. La segunda no sabía cómo actuar, a pesar de la experiencia anterior. Las subsecuentes me hacían pensar (tanto loco que anda suelto) ojalá fuese otro tipo que encontró mi número en el directorio telefónico y me creyó una presa fácil. Platicando con mis conocidos, este tema estaba agotado para ellos. Me dieron todo un catálogo de cómo sortearlos:

Plan A
- ¿a quien te refieres del problema? ¿es el tío Ruanillo?
- ¡Exactamente! Tu tío Ruanillo
- No, pues lo hubieras dicho antes, dile que cuente con los dos mil dólares… es más, le enviaré quinientos más, si me haces el favor de entregárselos, para que no batalle por unos centavos.
- ¡Claro! Lo haré con mucho gusto
- Por favor ¿cuál es el número de cuenta para depositarles?...

Plan B

- así que mi primo se volvió a meter en problemas…
- sí, pero para eso estamos nosotros, para ayudarlos.
- No es la primera vez que lo ayudo, y espero que sea la última porque a veces tengo problemas en el trabajo
- ¿en qué trabajas?
- ¿cómo que en qué trabajo? Mi primo seguramente te lo comentó. Estoy en –elija libremente- (inteligencia militar) (procuraduría general de la república) (Agencia Federal de Investigaciones) (FBI) (DEA) (INTERPOL) (CIA) (KGB) etc. Y ya estoy rastreando la llamada…
- Tin tin tin tin tin tin
- (si ellos pueden hacerse pasar por maleantes, porqué yo no del lado de la justicia)

Plan C

- ¡Primo! ¿cómo estás? Habla tu primito consentido ¡qué gusto escucharte!
- Ah, primo, ¿de dónde me llamas?
- Acá, del Chuco –para quienes ignoran esta expresión, se refiere al otro lado de la frontera- y te molesto para pedirte un favor ¿ya sabes quién soy yo?
- ¡Por supuesto! Mi primo Tuchy…

Mi alter ego es un optimista sin remedio. Cree en la verdad, en la democracia, en la justicia, en la paz y en un futuro promisorio. Y cree fervientemente que estos valores supremos serán pronto universales.

doctorsote@gmail.com

lunes, 27 de septiembre de 2010

VACÍOS SIGNIFICATIVOS

Ante los vacíos que la decadencia del Estado en México ha generado, los distintos poderes fácticos se han ocupado de llenarlos y suplir con su presencia y sus decisiones, sus intereses y sus influencias, el trabajo que le correspondía al gobierno y pasarnos, por ende la factura de dicho trabajo, sin importarles dos cosas primordiales al respecto: que el gobierno sigue cobrando impuestos como si cumpliera satisfactoriamente con su función y como si estos impuestos en realidad fueran aprovechados como debe ser; y, segunda cosa importante, que estos poderes, al margen de la ley o por encima de ella –la posición es lo de menos si de todos modos violentan y sodomizan a la constitución y laceran el bienestar social-, además de pasarnos factura por realizar tareas del gobierno, reciben –o recibieron, el tiempo es lo de menos si la conjugación arroja los mismos resultados funestos, pues el orden de los verbos no altera el asalto al bien común, a quien si lo alteran y afectan los males endémicos del país- ganancias, prerrogativas y prebendas tan inmorales, tan cuestionables y tan indefinibles que me bastará y no con llamarlas aquí significativas.
El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española en línea dice lo siguiente sobre el término significativo: 1.- Que da a entender o conocer con precisión algo. 2.- Que tiene importancia por representar o significar algo. Y visto así, pues es innegable que dichos beneficios son, sin duda alguna significativos.
Significativo es pues que la educación de México siga copada por esa lacra que perjudica la reputación de cualquier sindicato del mundo –hasta el de la CTM se queda corto ante dicha organización-, denominada SENTE –Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación-, cuya líder –o lideresa, con la cuestión de la equidad de género el castellano muta de manera constante- vitalicia ha hecho de esa asociación un negocio familiar muy rentable para ella y los suyos, mientras, entrampados en el laberinto del Sistema de Educación por Competencias, docentes, alumnos e instituciones en general no pueden hacerle frente a una vida cambiante que nos deja, cada vez, más al margen ya no de la modernidad, que hace mucho tiempo hizo mutis en el escenario de la historia, sino de la posmodernidad –hoy llamada transmodernidad- que también conocemos como globalización.
Significativo es también que, ante la erosión de la figura presidencial, otrora eje totémico y axial de la cultura y la política mexicana, en lugar de una democracia descentralizada y parlamentaria que se fundamente en principios legales y constitucionales de avanzada, haya aparecido ese Frankestein que hoy conocemos como partidocracia –tan corrupta e ineficiente como la dictablanda o ‘Dictadura Perfecta’ que el PRI logró representar durante 70 años y que, al parecer, nos volverá a gobernar a partir del 2012; maldición que ni los mayas previeron, supongo-; monstruo alimentado no sólo por la falta de cultura democrática en nuestra sui géneris clase política y en nuestra no menos estrambótica sociedad civil, sino también por los intereses de oligarcas y grupos de poder de distinta índole pero de muy parecidas mañas y manías.
Significativo resulta también que el consorcio televisivo más grande del país, quien forma un duopolio con su homólogo no menos siniestro y oligarca reciba, por parte del gobierno calderonista –oh, excelso sistema donde todo es felicidad (léase esto último sin sarcasmo, al fin de cuentas el presidente y sus gobierno no lo entienden o no les interesa entenderlo en lo más mínimo)-, todos los beneficios a muy bajo costo –bajo costo para Televisa, alto para los ciudadanos que ya lo pagaremos, nomás hay que acordarse del FOBAPROA- de la comunicación televisiva digital y telefónica de fibra óptica.
Significativo se califica el hecho de que el magnate más poderoso del mundo, ofendido por este desplante de don Felipillo de Jesús con el cual decidió favorecer a la empresa de Emilio Azcárraga y no a su monopolio privado de servicios y atención telefónica, en lugar de diseñar las estrategias adecuadas para la sana competencia ante la televisora que tiene por baluarte cultural más importante a Chespirito, y en lugar de replantear su política de inversión en este país que lo ha enriquecido hasta el hartazgo –hartazgo ciudadano, precisemos-, esté considerando seriamente llevarse sus inversiones y capitales más sólidos al Brasil, donde muy probablemente el gobierno de Lula ya lo espera con los brazos abiertos, mientras que aquí el desempleo y la crisis económica siguen consolidando a Felipe Calderón y a su partido como estereotipos de ineptitud rampante y como arquetipos de políticos gerenciales de la era global para países tercermundistas, mientras lo que queda de la izquierda mexicana institucionalizada en partido político continúa en su frenético, absurdo y vergonzante monólogo de vanidad, resentimiento, ignorancia, inmadurez e hipocresía, haciendo que sus poquísimos logros –como los de ciertas legislaciones que en el DF han escandalizado a las buenas conciencias que son buenas porque su dogma moral se los indica y que son conciencias porque, desde que se fundaron, allá en la época colonial, su criterio autocrático así se los hizo saber-, se pierdan entre rebatingas que más parecen pleitos representados por pintorescos personajes de barriada creados por Ismael Rodríguez para hacerle marco a Pedro Infante en alguna cinta melodramática, lacrimosa y misógina.
Más significativo y doloroso aún es que, ante el vacío de una sociedad civil que sí existe pero que no se hace presente como tal por su permanente desarticulación, y ante el vacío institucional de un Estado que usó hasta agotar dichas instancias –las instituciones-, el crimen organizado ha venido a hacerse omnipresente de una manera no sólo sanguinaria y virulenta, sino también lo suficientemente sólida como para no dejar lugar a permitirnos el lujo de visones optimistas en torno a una posible solución, ya no inmediata o mediata, sino solución a secas de la problemática que esta forma de delincuencia ha convertido en parte de nuestra cotidianidad.
El linchamiento de dos presuntos secuestradores en el municipio de Ascensión, aquí en Chihuahua, en fechas pasadas, y los casos de ciudadanos que, armados, se han defendido de delincuentes que los han agredido, logrando herir o asesinar a sus agresores, nos deja ver claramente cómo, ante el significativo vacío del Estado de Derecho, la ciudadanía empieza a manifestarse, ya individualmente, ya de manera colectiva como una entidad que desea también hacer valer su voz y sus derechos. Sí, aunque significativa esta respuesta ciudadana, plenamente explicada ante la luz de las circunstancias actuales, presenta dos grandes posibles consecuencias, mismas que la llevarán de ser “plenamente explicada” a ser “justificadamente explicada”, sin embargo, cada una de esas consecuencias pueden justificar la situación aquí comentada con estadios de vida antagónicos.
La primera consecuencia, y la más riesgosa por la inmediatez con la que se puede dar, consistiría en una paulatina y no muy lenta transición de una sociedad con miedo y rencor a una sociedad con miedo y rencor enteramente armada que en un afán de vigilancia y celo de su patrimonio y de su bienestar llegase a comportarse de una manera muy similar a los delincuentes de quienes pretende defenderse, esto, claro, sin ser completamente consciente de dicha situación; al grado de que cuando una solución más apegada a ley, al derecho, a la democracia, a la constitucionalidad y al bienestar social pudiese vislumbrarse, su concreción se antojaría harto difícil, toda vez que la gran mayoría de las personas se encontrarían sumidas en la desconfianza más hostil imaginada, y sí, como ya lo dije, plenamente justificada.
La segunda posible consecuencia sería aquella donde la sociedad civil aprovechara esta crisis para aparecer en la historia con una nueva cara, aquella que se muestra a partir de una articulación respetuosa y democrática –no una democracia entendida en los términos institucionales actuales y anquilosados, rebasados por la realidad, sino una democracia participativa real, fundamentada en el quehacer ciudadano que se da en función del bien, de la armonía y de la tranquilidad del ser colectivo-. Ésta, a diferencia de la otra posible consecuencia, sería más ardua, lenta y difícil de construir y alcanzar, no sólo por las terribles y dolorosas condiciones actuales, sino, como ya se dijo anteriormente, por la falta de una sólida tradición democrática en nuestra ciudadanía.
Ambas situaciones al presentarse, tal y como se mencionó, estarían plenamente justificadas por el contexto que nos ha tocado vivir y padecer, es decir, serían vistas como justas, normales, únicas o casi únicas, necesarias y casi insustituibles, sino es que del todo insustituibles, y depende en gran medida de la misma sociedad civil que una de las dos predomine con esa característica: la de verse plenamente justificada, es decir la de ser la más justa y adecuada, la de ser la más aceptada y convertirse con ello en la norma principal para regir nuestro destino y nuestras relaciones por un periodo largo de nuestra existencia como pueblo y como individuos. Tarea no muy justa que digamos, faena nada fácil y, por ende, labor verdaderamente significativa... Ante el vacío se presenta ahora la necesidad de otorgar significado histórico a nuestros actos.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Ascensión

ascensión.

(Del lat. ascensĭo, -ōnis).

1. f. Acción y efecto de ascender (‖ a un sitio más alto).

2. f. por antonom. Subida de Cristo a los cielos.

3. f. Fiesta movible con que anualmente celebra la Iglesia católica este misterio, el jueves, cuadragésimo día después de la Pascua de Resurrección.

4. f. Exaltación a una dignidad suprema, como la del pontificado o del trono.

5. lug. Municipio del estado de Chihuahua, Mx
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Luego de la militarización de las calles de Chihuahua, de la intervención de miles de agentes federales, en coordinación con sus pares estatales y municipales, luego de las reiteradas declaraciones de los funcionarios de los tres órdenes de gobierno, sobre la llamada guerra contra el narco, el estado mejicano se jugaba todas sus cartas, no se requiere ser un adivino para ensayar la idea de que el Estado mejicano tal y como lo conocemos, habrá de concluir una vez quemadas sus baterías. No habrá razón para pensar distinto. La reiterada y evidente impunidad e incapacidad del gobierno para resolver los problemas de su pueblo nos llevan a esta hipótesis.
Al parecer debemos acostumbrarnos a que no lo hemos visto todo, -ello debería maravillarnos- puesto que esta generación de mejicanos, provenía de una que vivió y malgastó cómodamente la riqueza de la Era del petróleo en México, esa Era concluyó en el foxiato, todavía participamos del moribundo Estado de bienestar y de los desfasados privilegios sociales de las instituciones posrrevolucionarias, hay algunos quienes viven de una cómoda pensión otorgada por el Estado, que ahora es para nosotros como un fantasma. Pero esos mismos, y los que llegamos un poco tarde, hemos sido testigos en el último sexenio de muchas más sorpresas que las décadas pasadas; la sorpresa de hallar una cabeza en plena vía pública, de hombres mutilados, colgados de un puente en pleno periférico, de masacres de estudiantes, en Creel y en Juárez, de soldados robando expendios cuando deberían hacer lo contrario, de bombas, granadas, de niños que se fugan el día del grito, y que violan mujeres, de motines, de capos que escapan de hospitales privados de lujo, o de centros de readaptación de máxima seguridad y que luego aparecen en Forbes, hemos sido sorprendidos por la suspensión del grito en varios municipios del estado en pleno bicentenario! Hemos visto gobernadores asustados, alcaldes muertos. Líderes históricos secuestrados. Somos de alguna manera la generación de lo inédito. Y No, no lo hemos visto todo, hace unos días en Ascensión, Chihuahua, la muchedumbre linchó dos presuntos secuestradores, este hecho, también inédito en nuestra historia cercana nos regresa a la reflexión, ¿el linchamiento ciudadano es un signo de anarquía o un síntoma de participación ciudadana? –entendida ésta en la más eminente de sus acepciones- quizás es ambas, quizá es el anunciamiento de que el sistema posrrevolucionario habría de caducar pocos días antes de su centenario, y que ante su inevitable despedida no sabemos otra cosa que la barbarie, el linchamiento de Ascensión ratifica dos intuiciones generales y conocidas: la clase gobernante nunca ha servido para nada y el pueblo sigue siendo tan incivil, como hace doscientos años. Sin embargo, este hecho –ligado a otros donde por ejemplo, una mujer dispara contra un hombre quien la atacaba- también puede interpretarse como la insurrección de un poder desconocido hasta ahora en el espíritu mejicano, la violencia es siempre un retroceso a la barbarie, pero no siempre se retrocede de manera idéntica, tal vez estos latidos, estos instintos, los de quienes han padecido y sobrevivido a la impunidad y a la corrupción, sean algo más, signifiquen otra cosa.

lunes, 20 de septiembre de 2010

2010: La insurgencia del crimen organizado


Alrededor de 2005 o 2006, cuando empezaba a comentarse como algo de importancia mayúscula todo lo referente a los festejos del bicentenario de la independencia y del centenario de la revolución de 1910, aunque todavía faltaban 4 o 5 años, a la par de la valoración de ambos movimientos en calidad de festejos históricos, comenzó a crecer un rumor general un tanto en broma, un tanto en serio, en torno a una posible insurgencia popular que, emulando a las gestas que le precederían, cabalmente cumpliría su ciclo, por lo que 2010 sería el año en que el pueblo, harto de las injusticias, los abusos, la ineptitud, la corrupción y los malos manejos de los diferentes gobiernos priístas y, hasta entonces, el único panista, empuñaría las armas para, como había sucedido cada siglo, iniciar un movimiento revolucionario, social y político tanto como histórico. Estas predicciones basadas en una lógica muy elemental, aunque no por ello descabellada, no se fundamentaban en un análisis serio, ni siquiera más o menos profundo, de la realidad mexicana de principios del siglo XXI; una realidad donde, por ejemplo, los oligarcas que ejercen su poder y su influencia en la vida cotidiana y política de México cuentan con una serie de elementos que juegan muy a su favor y con los que los oligarcas de principios del siglo XIX y de principios del siglo XX no contaban; elementos, también que, a su vez, consolidan los intereses de las clases pudientes en una era global, a tal grado que, aunque no imposible, sí harto difícil sería iniciar, seguir y concluir un movimiento armado de emancipación y cambio como se supone fueron las revoluciones ya mencionadas.
En su afán por legitimar su cargo como presidente de la república, Felipe Calderón, optó, entre otras cosas, por iniciar, sin una planeación previa, una guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado en México, y, si como dice Denisse Dresser en uno de los últimos números de la revista Proceso, con todo y que se trata de una guerra moralmente justificada, es también una guerra inadecuada, éticamente incorrecta por la forma en que se originó y por el cause que el presidente Calderón le ha dado; peor aún, el gobierno federal, tras su objetivo de legitimarse y consolidarse como un gobierno honrado, correcto, honesto, democrático, legal y cumplido, insertó al país en una dinámica, una espiral de violencia y degradación sin salida, un caos que se alimenta significativamente de la corrupción gestada y engrandecida por décadas durante el sistema encabezado por el PRI, corrupción que ningún gobierno panista, al frente de la federación ha podido –léase querido- eliminar. Uno de las líneas más fuertes en que esta corrupción ha tendido a manifestarse es el crimen organizado que encontró en el tráfico ilegal de estupefacientes y drogas su forma más violenta y cruda de hacerse patente. En la medida en la que los Estados en todo el orbe se vieron acosados por la globalización -acosados y acorralados-, las debilidades de las naciones, como México, que transitaba de un autoritarismo burocrático a una democracia disfuncional e incompleta, generaron vacios de poder que el crimen organizado ocupó. Ante un Estado debilitado, la presencia de organizaciones criminales fortalecidas por sus nexos con políticos de distintos niveles tanto en México como el extranjero y por la creciente e interminable demanda del producto del narcotráfico, logró infiltrarse más allá de los niveles en que tradicionalmente lo hacía en la vida cotidiana: negocios que subsistían sin afluencia de clientes sólo por dedicarse al lavado de dinero, el auge género musical conocido como narcocorrido –y su pariente cercana, la música grupera- que narra las hazañas y venganzas de los capos de la droga y que inundó la radio, el mercado del disco y el internet desplazando en la mayoría de los jóvenes el gusto por el rock y géneros afines, los ajustes no escasos, pero más o menos ocasionales entre sicarios de los distintos cárteles… en fin, es innegable que la presencia del crimen organizado en nuestra vida cotidiana aumentó considerablemente toda vez que lo hizo en la medida en la que la violencia se desató de manera incontenible. No en balde, en alguna de las emisiones del programa Primer plano que transmite en cadena nacional el canal del Politécnico, Lorenzo Meyer señalaba que de hablar de una insurgencia en el 2010, sería la del crimen organizado. Más allá de su carácter irónico, analógico o referencial, la denominación hecha por Meyer en torno a este problema constituye una explicación satisfactoria (parcial, pero satisfactoria), de la situación actual, ya que es, en función de sus intereses, de la oportunidad que representa el vacío de poder ocasionado por la debilidad del Estado, de los alcances y nexos que las cárteles del narcotráfico tienen, que las organizaciones criminales a las que se alude en este escrito han decidió lanzarse en pos de un reordenamiento donde sus fueros y sus beneficios sean los que abiertamente sustenten el equilibrio político, económico y social.
Los resultados de esta contienda, que rodea al 2010 y que en este año se ha recrudecido de forma significativa, no son previsibles del todo, pero sí acusan un futuro inmediato aún caótico, violento e indeseable. Recordemos que la lucha armada por la independencia que inició en 1810 duró 11 años, y más o menos ésa pudiera ser considerada la duración de la revolución de 1910, el tiempo en que se desarrollaron las bases de una revolución oficializada e institucionalizada. Esperemos, pues, por el bien de México, que el conflicto actual no alcance esa magnitud temporal, con todo y que las consecuencias que ya presenta son de por sí caóticas y difíciles de revertir.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Colosio Vive


A excepción de Benito Juárez, el inventario de los héroes mexicanos tiene en común el padecimiento de la derrota, desde Cuauhtláuac hasta Pancho Villa y el mismo Colosio, último gran icono del imaginario social mexicano, participa de este destino. Nuestros héroes son personajes malogrados, o quizá hemos llevado "lo malogrado" a la apoteosis. Hace un par de días mientras conducía a la universidad vi pegada en la defensa de un auto, un engomado que decía “Colosio vive” los mexicanos en lo general aceptamos la idea de que Colosio fue asesinado por Salinas de Gortari, de que Aburto, fue no sólo un chivo expiatorio, sino una ficción, y aceptamos la idea de que México sería otro de no haber muerto Colosio. Todas estas inercias y asentimientos son esencialmente acríticos.
¿Qué significa Colosio vive? Luis Donaldo, fue un economista que pudo recibirse en el ITESM, que estudió en Pensilvanya y en Austria, fue catedrático, Diputado y Senador, presidió la SEDESOL y fue hasta Presidente de su Partido. Ha sido vituperado –como es común- por las derechas mexicanas tildándolo de mediocre y hasta naco. “Colosio vive” puede significar que los políticos priistas del México de los 90’s pudieron prescindir de Luis Donaldo, ya que éste sólo fue un tecnócrata más, un profesor neoliberal como Zedillo o Salinas. O también: que el mexicano siente una profunda inclinación por la derrota, y que sus héroes son loables por haber sido víctimas. O inclusive “Colosio vive” puede significar la esperanza de un pueblo que reiteradamente se resigna a la injusticia. Ante un hecho accidentado y oscuro como el asesinato de Colosio prácticamente todas las interpretaciones son verosímiles, el espíritu del pueblo se encargará de ordenar el mito.
Los apologetas del Colosio salvador, se sirven de fragmentos de sus discursos así como de su probable disidencia, dada la inconformidad de Manuel Camacho Solís al ser ungido Luis Donaldo candidato presidencial. Estos argumentos funcionarían si fueran los únicos y los de más peso en la escena Nacional. La contraparte es pensar a Colosio, no como el fugaz candidato, que debía pronunciar discursos brillantes y democráticos, pero sí en Luis Donaldo, un político de carrera, tolerante, habituado y conocedor de las prácticas políticas de su partido, cómplice y artífice de las mismas, ser el presidente de un Partido hegemónico en un sistema político no democrático, implica haberse comprometido, implica haber superado todas las fases previas en la ascensión al poder, repito, en un sistema no democrático. Sin duda el candidato presidencial del 94, es tan disímil de Luis Donaldo el político de carrera, como en su momento lo fueron el Fox de la V de la victoria, y su homólogo de la banda presidencial.
Nos toca reflexionar a nosotros a quién asesinaron realmente en “Lomas Taurinas el 23 de Marzo del 94” si al tecnócrata o al caudillo, y lo más importante cual de los dos vive realmente.

jueves, 16 de septiembre de 2010

bye bye Reyes...

La publicidad que enarbola el último informe de gobierno del primer mandatario del Estado, incluye frases que buscan dar una imagen de sensatez y de aceptación ante el caos que se vive en Chihuahua, buscan entre otras cosas diferir la responsabilidad del gobernante, el sendo aparato burocrático de publicistas que desarrolla las muy ingeniosas frases, utilizó algo como: “cuando Reyes Baeza inició la administración, nadie imaginó una situación como ésta”, el sentido de la frase publicitaria es: esta situación era inimaginable, esta situación es indeseable. Tales frases condensan el tamaño de la inteligencia de esta administración.
Pero estas reflexiones no se dirigen al ejecutivo estatal y sus amigos, me quiero referir más bien a la clase política de Chihuahua, en el sentido más amplio del término, finalmente Reyes Baeza es sólo un accidente de la violenta realidad en Chihuahua, él es el cordero, los lobos son otros. Si volviéramos el tiempo atrás y preguntáramos al Reyes candidato si elegiría ser gobernador en la realidad que vivimos, seguramente respondería sí, pero un sí, muy diferente. Ningún político en Chihuahua está hecho para el heroísmo, Reyes funciona muy bien en un Chihuahua pretérito donde las fórmulas para gobernar son simples y conocidas: despachar con un tono de empática retórica, auspiciar ligeras prácticas de nepotismo y amiguismo, dar despensas e inaugurar obras, perpetuar la suntuosidad de las fiestas populares etc.
Sin embargo la realidad social de Chihuahua exigía un cambio sustancial, que ni el gobernador ni sus secretarios podían advertir, ya no se puede hacer política como antaño, mucho menos si ésta es más suavizada, Reyes quiso jugar al demócrata, quiso establecer una policía científica y un sistema de justicia penal moderno, cuando ni las instituciones (incluidas las dos universidades más representativas en el Estado) ni sus amigos quienes las detentan, comprenden estas dos ideas fundamentales: ciencia y modernidad.
Ante tales aporías, no podía ocurrir otra cosa que el desorden y el connato de anarquía que diariamente vivimos, nuevamente la figura de Reyes comparece ante nosotros como un problema generacional. La caída del presidencialismo nos legó una generación de gobernantes que quieren ser democráticos pero que son íntimamente posrrevolucionarios, me explico: el formato de los políticos mexicanos no es el del héroe insurgente, ni el del republicano austero, ni el del revolucionario, ni el del señorpresidente, nuestros gobernantes son menos fuertes y menos inteligentes que sus predecesores. Basta pasar revista a los gobernantes de las entidades federativas: Fidel Herrera, Mario Marín, Enrique Peña Nieto, Amalia García, Carlos Borruel, o Rodrigo Medina Cruz, políticos hechos para la ligereza, para la innoble tarea de repartir -a veces bien, otras no tanto- la bonanza de un país que fue extraordinariamente rico. Ante ese paradigma es correcto llegar a la solución de los publicistas de Reyes Baeza, -hombre, esta realidad a quien le gusta, yo me hice político, sí, pero para fines muy distintos- .
Pero lo último que quiero es hacer de estas líneas una villanía, la reflexión más inteligente que podemos extraer de nuestra realidad política es que necesitamos el advenimiento de una nueva clase política, hecha de estadistas, ello es difícil, pero creo que es la única salida. Pues ante un Estado fallido, no faltan las voces nostálgicas que claman por la mano dura del sexenio patricista, cierto, preferimos mano dura, a la deleznable tibieza de esta administración, pero lo que es una verdad es que el pasado no regresa, al menos no idéntico. La otra salida, igualmente irreal es la del “pacto con el crimen organizado”, dónde el mismo término: “pacto con el crimen organizado”, es tan cándido como irresponsable.
La respuesta que yo propongo es la de gobernantes capaces de ver más allá de la entrega de despensas, más allá de frases ingeniosas y costumbres electoreras, pero siendo realistas tal vez debemos esperar el fracaso de un par de administraciones más para considerar con seriedad este cambio.
La nota de los últimos días fue el video donde el gobernador de Chihuahua y su “segundo” el secretario General de Gobierno, burlándose finamente de un diputado panista quien había declarado una supuesta omisión en la entrega del informe de gobierno, los dos abogados y políticos priistas haciendo gala de su astucia ridiculizaron la incompetencia del congresista de acción nacional. Esta imagen, la del político, la del abogado astuto, la de los dimes y diretes de la vida pública, y todo su halo de ligereza, bien sirven de postal, de lo que nunca fue este sexenio.